sábado, 20 de junio de 2009

Vitamina R

Carmelo Mellado tenía la enfermedad de la crueldad. Se la diagnosticó el médico desde bien pequeño, y era debida a la carencia de la vitamina R. La familia entera dedicó grandes esfuerzos y muchísimo dinero a buscarla, pero a pesar del titánico esfuerzo jamás logró hallarla; ni en frutas, ni en verduras, ni en carnes, ni en pescados. Ni siquiera en la gran variedad de setas venenosas que recolectaron en los bosques y que probaron una a una, sin precaución. Causó esto último multitud de muertes en la familia por el mortal envenenamiento. Él, como estaba enfermo de crueldad, reía burlonamente y a carcajadas, revolcándose por el suelo de pura diversión, cada vez que veía a uno de los suyos ponerse lívido y con los labios morados, para después mover la boca como un pez en busca de aire y caer finalmente fulminado por una crisis de asfixia.

Pero a pesar de semejante contratiempo ningún pariente dejó de buscar la preciada vitamina R. Intentaban curar al enfermo antes de que procreara, y engendrara una generación de crueles como él, ajenos a la muerte y a la sangre. «Será una tragedia para la Humanidad», repetía en sueños la matriarca mellada.

Llegó un momento en el que murieron todos los miembros de la familia que aún recordaban el motivo de tan intensa búsqueda. Todos, excepto el propio enfermo, que no deseaba curarse. No obstante, las generaciones siguientes —llevando ya en su sangre el gen de la enfermedad— continuaron buscándola sin descanso como un valioso legado de su estirpe, aun sin saber siquiera para qué la querían. «Es la tradición. Y la tradición es la tradición. Y punto», decían siempre si alguien les cuestionaba.

Para cuando los descendientes venideros lograron hallar la vitamina R, muchos años después de la muerte de Carmelo, ya nadie sabía qué debían hacer con ella y la guardaron en un cajón del trastero.

De modo que el gran cacique Carmelo Mellado no se curó nunca. Procreó, y la familia se vio infestada para siempre por una crueldad irreparable por la que sería conocida y temida en toda la comarca. Tuvo razón la matriarca mellada cuando hablaba en sueños, y la extraña enfermedad se extendió y se diluyó por el pueblo entero, agazapada siempre como una bestia al acecho, sin que nadie diera razón del porqué de semejante ferocidad.

14 comentarios:

  1. Este relato me provoca tantas impresiones que no sé cómo resumirlo todo :P Por un lado, me parece tan absurda que me divierte, me parece graciosa en todo lo terrible de lo que narra. Y por otro, me transmite un punto de horror hacia lo que está contando, hacia las temibles consecuencias que todo ello puede tener en el futuro... Desde luego, me quedo con ganas de leer más, y a nivel de formas no puedo decir nada, ¡no veo ninguna pega!

    En definitiva, me gusta :)

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  2. Hola a todos,
    Ikima, coincido con los todos los comentarios de Violet y con las sensaciones e impresiones que le causa tu relato. Creo que es muy original, que tiene fuerza. Resulta intrigante, y desde luego, apetece seguir leyéndolo.
    Tan sólo haría un comentario, y es que mantendría el principio original que pusiste en su día. Me parece impecable y yo no lo cambiaría. La frase tal cual estaba resulta chocante, absurda, atractiva. Creo que la puedes dejar sin alterar demasiado el relato: “Carmelo Mellado tenía la enfermedad de la crueldad, debida a la carencia de vitamina R. El médico se la diagnosticó desde bien pequeño y, desde entonces, la familia entera dedicó grandes esfuerzos y muchísimo dinero a buscarla. Pero a pesar del titánico esfuerzo jamás logró hallarla; ni en frutas, ni en verduras, ni en carnes, ni en pescados.”
    Y sólo otra pequeña cosa: aquí quitaría “mortal”: “Causó esto último multitud de muertes en la familia por envenenamiento”
    Saludos a todos
    María

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  3. Ikima, a mi me ha gustado mucho. De faltas gramaticales o corrección de comas no opino que yo no soy ducha en eso.
    El tema es innovador y con ese tinte de crueldad y maldad que dices que tienen tus obras no toleradas. Pues nada, a ver si sigues y encontramos una de esas historias tuyass.
    La que parecía tan buenecita, conciliadora y diplomática...jajaja

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  4. Jajaja, de verdad que no tengo ni idea de por qué me he ganado esa reputación... ¡Cría fama y échate a dormir!

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  5. No, no, si me refiero a la de "buenecita, conciliadora y diplomática". De todas formas, matizar que alguien que escribe sobre psicópatas, por poner un ejemplo, no es un psicópata. Y así, hasta el infinito.

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  6. Brrr!! Me acabas de meter el miedo en el cuerpo.Me imagino a ese malnacido haciendo de las suyas y se me ponen los pelos de punta.

    Enhorabuena!!!

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  7. Es que ser conciliadora y diplomática no tiene nada que ver con escribir cosas retorcidas ;)

    A ver si me animo y subo la continuación de la historia que comencé en el ejercicio, llevo unos días un tanto desaparecida pero es porque tengo mucho trabajo y estoy en la recta final (ahora sí de verdad xD) de mi novela!

    (Y dónde está 47, que está desaparecido también?)

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  8. ¡No sabes la de días que llevo preguntándome eso! ¡¡47!! ¿Dónde estás?

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  9. ¡Pero si estoy aquí! ¿No me veis? He estado sobrado de trabajo y falto de inspiración. Espero renacer tras el solsticio con fuerzas renovadas. O eso, o me compro una caja de Apisérum familiar.

    Ya seguiré hablando cuando encuentre las palabras, que se me han perdido.

    Abrazo.

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  10. ¡Tendrás que convertirte en 94 para poder con todo!

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  11. LLevo días sin poder comentar por cuestiones de trabajo. Pero ya estoy aquí.
    Ikima me ha gustado mucho este relato, sobre todo la parte final. El señor Carmelo ejercía el dereho de pernada con quien el pueblo entero. Menudo hombre.
    Y yo piens que no tiene nada que ver el ser diplomático con escribir estos relatos. No son un reflejo de lo que somos en realidad.
    Saludos desde La ventana de los sueños.

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  12. Pero en sí cual es la vitamina R?
    Y para que sirve?

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