jueves, 11 de marzo de 2010

I Premio de Literatura Infantil "Ciudad de Málaga" 2010

Os dejo un enlace a través de escritores.org a una convocatoria para un premio de literatura infantil que se cierra el 1 de abril. Yo lo he descubierto hoy, y aunque no tengo ninguna obra que se ajuste (el intervalo de páginas admitido es de 25 a 40, a doble espacio) es una buena opción a tener en cuenta de cara a otras convocatorias. Espero que tengáis alguna obra que podáis adaptar para probar suerte.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Derecho de admisión

Ante la revelación del nombre de los ganadores de importantes concursos literarios, como es el caso del Barco de Vapor y del Gran Angular, siempre hay quien defiende que escritores ya consagrados como los ganadores del año pasado (Care Santos y Antoni Garcia Llorca, respectivamente) y los de este año (Jordi Sierra i Fabra y Ricardo Gómez), con numerosas obras publicadas, no deberían tener derecho a presentarse. El único argumento que se esgrime al respecto es que no dejan “espacio” a los autores noveles. ¿Y qué? Eso no es el problema de la editorial, es el nuestro. El único motivo que nos puede mover a defender que no se presenten, es que a nosotros, los eternos aspirantes, nos gustaría enfrentarnos a contrincantes “más asequibles”. Vamos, que nos gustaría ser campeones mundiales de un deporte sin que se presenten los mejores, porque así tendríamos oportunidad de ganar. ¿Queremos publicar por presentar una buena obra o por presentar la obra menos mala?

Claro que es frustrante para nosotros ver que gana gente con amplia experiencia, que se mueve en este mundillo como pez en el agua. ¡Te hace sentir tan y tan insignificante a su lado! Pero no tiene sentido querer ganar sin competir con ellos, porque en el mundo no le regalan nada a nadie; a ellos tampoco se lo debieron de regalar en su día.

En fin, lo que decimos siempre por aquí: Violet, Anabel (y todos los demás que os hayáis presentado sin suerte) no os desaniméis y seguid escribiendo. Por lo menos sabemos que no habéis sido finalistas porque estabais compitiendo con la flor y nata de la LIJ.

Edito

Esta entrada refleja únicamente mi opinión personal (Ikima) de la que incluso yo tengo dudas. No refleja, en absoluto, el sentimiento mayoritario de la gente que habitualmente participa, lee y comenta en este blog. Por favor, para tener una visión amplia del tema de debate y de las dudas razonables que genera, leed todos los comentarios.

martes, 9 de marzo de 2010

Entrega de premios

Bueno, hoy es la entrega de los Premios SM, así que esta noche misma (si lo van publicando en la página de Facebook de los microrrelatos SMS) o mañana, a más tardar, ya sabremos los ganadores de esta edición y podremos leer los primeros capítulos. Por mi parte tengo mucha curiosidad por saber qué tipo de obra triunfa este año y poder perfilar mejor la "línea editorial" de SM, pues confieso que en muchos casos no la acabo de enfocar con demasiada nitidez. Suerte a los finalistas y, si es posible, que gane el mejor.

Edito

Ya han creado en el blog de los microrrelatos SMs una entrada al respecto:

Indican que lo retransmitirán en riguroso directo por Twitter, así que esta misma noche podremos enterarnos de los ganadores.

A mí me resulta emocionante, pero creo que es porque este año no me he presentado. Veremos el año que viene si estoy tan campante...

En fin, el barco zarpa. Suerte y enhorabuena a los que han logrado zarpar con él. En cuanto a los que, por ahora, seguimos en tierra, ¡a escribir! A ver si el año que viene nos alcanza para comprar el pasaje.

Saludos

martes, 2 de marzo de 2010

Autocrítica

Una de las características más destacables de un autor novel es la benevolencia con que lee y juzga su propia obra.

Creo que no es más que la inexperiencia, que la falta de hechos con los que compararse de forma objetiva, como el niño que ve por primera vez una marioneta haciéndole carantoñas en manos de un inexperto, y queda embelesado, creyendo que es lo más bonito que ha visto jamás. El autor novel mira su obra con los ojos de ese niño: «¿No es maravilloso que yo haya sido capaz de escribir esto? Un texto bello, con sus metáforas tan bien puestecitas, con una corrección escrupulosa… ¿No será acaso cualquier editor capaz de apreciarlo, de aplaudir mi gran hazaña de haber sido capaz de algo así?». Como si el editor fuese el profesor que siempre ha ensalzado nuestra capacidad a lo largo de los años escolares. Como si una editorial fuese un colegio en el que destacamos a nivel de expresión escrita sobre los demás compañeros. Nuestro orgullo nos exige una palmadita en la espalda. Y resulta que la editorial tiene la desfachatez de no dirigirnos siquiera la palabra, de no responder a nuestros escritos ni con un “lo sentimos, su obra no está dentro de nuestra línea editorial”. ¿De verdad no se ha dado cuenta de lo maravilloso que es nuestro texto?

Claro que habrá joyas de la literatura que los editores han pasado por alto (me viene a la mente Cien Años de Soledad y Seix Barral). No es algo inhabitual. Pero, en general, seguramente el fallo es nuestro. La condescendencia para con nosotros mismos es una suerte de adolescencia artística. Inmadurez por los cuatro costados y pataleta/llanto/rabieta posterior al fracaso, según sea nuestro talante habitual (yo me decanto por el lagrimeo con consuelo familiar incluido).

Pero si dejamos de mirar a nuestro alrededor con los ojos de ese niño o de ese eterno adolescente, seguramente nos daremos cuenta de que el mundo es amplio y diverso. En el mundo hay muchos niños a los que un profesor alentó alguna vez. Y muchos de ellos han seguido luchando, han dejado atrás la eterna adolescencia mental, ejercen la autocrítica con maestría y perfeccionan su obra sin darle ni un segundo de tregua. No permiten que su texto les deslumbre. Esas personas están compitiendo codo con codo con nosotros (jamás en mi vida había visto cinco palabras que empiezan con “co” seguidas en una misma frase XD), enviando su texto a los mismos concursos. Y merecen ganarlos. A mí sólo se me ocurre una forma de alcanzarles, y es bastante cruel: sed despiadados con vuestras palabras, para que ellas no lo sean con vosotros.

Yo, de un tiempo a esta parte, escribo (y leo) cada día más y cada vez más. Y cuanto más lo hago, menos satisfecha estoy con lo que escribo. Más lo critico, más lo tacho, más lo condeno al olvido absoluto y, lo que es mejor, cada vez con menos remordimientos, o directamente sin ellos. ¿Significa que me he vuelto exigente a secas? Creo que la exigencia está aparejada con una mejora en la calidad literaria. En muchos casos, los autores con experiencia escriben mejor que cuando empezaron y, sin embargo, se sienten menos satisfechos con su obra.

Personalmente, he notado la evolución. Cuando ahora leo aquellos textos primeros, de metáforas bien puestecitas, me entran sudores. Y sólo puedo decirme una cosa a mí misma: «Ingenua». Si a mí, que por mucho que lea mi obra con distancia siempre será parte de mí —aunque intente renegar de ella— y siempre me tocará de cerca, me entran sudores… Un editor directamente debía de partirse de la risa. Sustituid mi «ingenua» por cualquier palabra que se os venga a la mente pero más mordiente, más ácida, y seguramente estaremos muy cerca del vocablo correcto.

En conclusión, ejerced la autocrítica y no seáis condescendientes con vosotros mismos. Al “alumno aventajado”, bajarle el nivel de exigencia siempre ha logrado únicamente lo siguiente: perjudicarle, estancarle y, sobre todo, negarle metas más altas.